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viernes, 15 de junio de 2012

#384

- ¿Por qué Lily? Yo pensaba que éramos amigas... - dijo con la voz en un susurro.
- Y lo somos, pero si estás muerta como yo, no volverás a estar con mi hermano.
- Lily, tú no eras así. ¿En qué te has convertido? Mírate. Tu cuerpo está irreconocible, por no hablar de tu carácter.


Karina apretó las yemas de sus dedos contra los pómulos de su amiga. Si embistiera su cabeza contra un muro, seguro que se rompería cada uno de los huesos de su antes angelical rostro. Recorrió la barbilla con los dedos, después los deslizó por su garganta, pasó por la mariposa pintada en su tiroide y acarició sus clavículas, que se abrochaban con su esternón como un nudo hecho por un marinero.


Los búhos ululaban por encima de sus cabezas, contemplando la terrorífica escena.


Sus manos leyeron un mapa de braille labrado en hueso. que empezaba por su pecho, plano, enhebrado con  sus azulosas venas. Contó las costillas como quien cuenta canicas y sus dedos se enroscaron bajo esa huesuda jaula. Casi podían rozar el interior de Lily.


La piel se hundía al llegar a la tripa, y volvía a ascender al llegar a los huesos de las caderas.


- Pareces un corsé de huesos Lily y te has vuelto mala. Has bajado al nivel de tu hermano. Lo odias por asesinarte y ahora estás haciéndome a mi lo mismo. - dijo Karina entre lágrimas.


Lily la miró un segundo a los ojos y después gritó. En aquel grito había un deje de dolor abrasante, que es el que la muerte siembra a su paso, y había, al mismo tiempo, un estremecedor estallido de iracunda decepción, de traición insoportable.


Y es que lo peor para Karina no era aquel dolor que sentía al verlos juntos, si no los efectos de las palabras calladas que la devastaban por dentro, llenándola de heridas internas. Aquella energía, que hasta el momento había conseguido guardar en el fondo de su ser, se estaba volviendo un cuchillo destructor de sí misma y de las personas que tiempo atrás había amado.

martes, 29 de mayo de 2012

#382

Derek se durmió enseguida en los brazos de Karina. Ella esperó varias horas, despierta, sin poder conciliar el sueño. El chico que amaba estaba a su lado, dormido y le quería. Sí, ella lo amaba. Y se resistía a renunciar a él porque su mejor amiga, y hermana de su ahora novio, no se lo permitía. Una voz en ella gritaba que no perdiera la dignidad al estar con el asesino de su mejor amiga, que lo olvidara. Y a Karina la dignidad  la abrasaba. Sentía que era una forma de atarse de pies y manos. Pensaba que dar un paso era mejor que inhibirse. El deseo, las ganas, el amor, eran fuerzas contrarias a la dignidad, y ella decidió apostar por sus sentimientos. Lo besó en la frente y se levantó para irse a casa.


Bajó las escaleras con cuidado, sin hacer ruido. Cruzó el porche, y mientras abría la puerta del jardín, no pudo evitar mirar a la ventana que daba a la habitación de Derek. Salió y se encaminó a su casa. Hacía frío, pues era muy tarde. La calle estaba únicamente alumbrada por unas cuantas farolas, lo que le daba un aire a película de terror. Karina no pudo evitar recordar la última frase de Lily: "Volveré". De pronto sintió que algo la rozaba. Y aquel roce, como el roce inesperado de un animal, como la cola de un felino que te roza sin querer, llevó a Karina  al umbral de una sensación de terror. Se dio la vuelta presa del pánico, pero no vio nada. 


Echó a correr. Con su cuerpo enjuto quebrándose a cada paso y sus pulmones ardiendo por la falta del aire. Con los ojos entrecerrados por el dolor que le consumía el corazón y le arrebataba el alma. Su enredado cabello rubio empujado por el viento de la noche gritaba: Corre Karina, corre por tu vida. Y eso es lo que hacía. No dejaba de correr, y lo que antes le había parecido un roce se había convertido en una sensación de miles de ásperas manos que la intentaban cazar. Se aferraban a su ser, querían arrebatarle la existencia. No encontraba su casa, era como si de pronto la noche se la hubiera tragado, y en lugar del asfalto de la calzada, bajo sus pies había ahora un campo abierto repleto de flores que se pudrían a su paso. Karina tan solo sentía ya acidez en su garganta y manos sobre su cuerpo. Y cuando ya no pudo sostenerse sobre sus piernas, cayó sobre aquel verde prado ennegrecido por la oscuridad de la noche. Veía sobre ella el cielo estrellado, y aquellos astros gritaban por su vida. Pero cuando las oscuras manos que la habían perseguido la alcanzaron, empezaron a absorber su ser. Apareció frente a ella la lóbrega mirada de su amiga, contemplando cómo, pronto, se volvería a unir con ella.

sábado, 26 de mayo de 2012

#381

Karina tocó el timbre varias veces pero nadie contestaba. Estaba a punto de irse cuando, de repente, escuchó un grito aterrador. El grito provenía del piso superior y parecía la voz de Derek. Tenía que entrar a ayudarlo, pero ¿cómo? La puerta estaba cerrada y no tenía llaves. Dio la vuelta a la casa para ver si encontraba alguna ventana abierta, pero nada. Entonces se le ocurrió una idea. 


Se acercó al porche y cogió una de las piedras del camino que la madre de Derek y Lily había echo hasta la entrada y rompió la ventana que daba al salón. Cruzó la ventana rota y por el camino se hizo un gran corte en el brazo, pero le daba igual. Subió al piso de arriba y abrió la puerta que daba al cuarto de Derek. Y allí estaba el, tumbado en el suelo con su hermana encima y rodeado de varios fantasmas más. Estaba lleno de magulladuras y cortes y tenía en su cara dibujado el horror.


- ¿Qué le estás haciendo Lily?


Lily se giró. Karina pudo ver así la cara de su vieja amiga desfigurada. Tenía los ojos en blanco y una sádica sonrisa manchada de sangre, que Karina supuso que era de su hermano. En el instante en el que los ojos de Karina y Lily se encontraron, la cara de ésta volvió a la normalidad, volvió a ser la dulce niña que Karina conocía.


- Yo solo... solo me lo estaba pasando bien.
- ¿Vengándote? Lily, por favor, no le hagas daño. No caigas a su nivel. Tú no eres así.
- Ahora sí lo soy. La muerte te cambia, ¿sabes?
- Lily, las veces que hemos estado juntas, ya sea cuando aún vivías o cuando estabas... muerta- dijo con una mueca de dolor.- eras dulce conmigo, seguías siendo la Lily que conocí en la guardería. Déjale, por favor. Yo.. yo le quiero.


Lily abrió los ojos de par en par.


- ¿Le quieres? ¿Quieres a mi asesino? Él es el culpable de que nosotras ya no estemos juntas, ¿acaso le has perdonado eso?
- Jamás le perdonaré lo que te hizo, pero le quiero. - dijo Karina con lágrimas en los ojos.- Y hace unos días vino a mi casa para decirme el motivo por el cual te asesinó. Lily, él también me quiere, y no soportaba vernos juntas todo el tiempo y que no compartiéramos tiempo a solas.
- Eso no es un motivo para matar a tu hermana pequeña ¡maldita sea! - gritó.
- Lily, aún somos las mejores amigas, pero te juro que si le haces más daño del que ya le has hecho,- dijo mirando el lamentable estado en el que estaba Derek.- no te lo perdonaré jamás.


Lily miró por un instante a Karina, y después a su hermano, Derek. Comprendió que no podría hacer nada para dejar que se amaran, y si se vengaba de su hermano, perdería a su amiga, y eso, era peor que la misma muerte. Se levantó y sin mirar atrás salió por la ventana. Los demás fantasmas se fueron tras ella mientras miraban perplejos a Karina. Ella seguía de pie en el marco de la puerta y en cuanto todos se hubieron ido se acercó a Derek y lo tomó entre sus brazos mientras le acariciaba el pelo.


- Siento no haber venido antes Derek. Si me hubiera atrevido a decirte mis sentimientos cuando viniste a mi casa, quizás ahora no estarías así.- dijo mientras lloraba.
Derek alzó la mano hasta la mejilla de Karina.
- No importa mi amor, ya no. Me quieres, y eso deja de lado cualquier sufrimiento físico que mi hermana me ha causado, además, me lo merecía, por lo que le hice. Siento haberte quitado a tu amiga Karina.
- Por favor, no vuelvas a mencionar que tú fuiste el culpable. Pues no sé si podré ser lo suficientemente fuerte para dejarlo de lado.
- Yo.. de veras que lo siento... No volveré a hacerlo.


Y mientras los dos se fundían en un abrazo una tierna voz recorrió la habitación: "Volveré".


martes, 22 de mayo de 2012

#380

Los fantasmas se acercaban cada vez más a su ventana. El cielo estaba oscureciendo y pronto dejaría de verse algo, sólo de cuando en cuando un rayo iluminaba su habitación, reflejando así las sombras de los fantasmas. De ese modo, aunque aún no habían llegado allí, Derek se sentía invadido por ellos. 


- Derek- decían a coro.


Los fantasmas llegaron a su ventana y traspasaron la pared que conducía a su habitación como si ni siquiera existiera. Derek se encontraba debajo de la cama, pues el terror había podido con él. De repente unas manos tiraron de él hacia afuera, y por mucho que se agarrara a las patas de la cama, eran más fuertes que él. 


El cuadro que lo esperaba era espantoso. Una habitación que creía segura llena de fantasmas. Viejos, jóvenes, incluso niños como su hermana. Todos lucían cara de sed de venganza, todos intentaban matarlo. De pronto una mujer llena de cardenales y una terrible herida en el abdomen gritó:


- ¡Basta! No os pertenece a vosotros. Le pertenece a ella.- dijo mientras señalaba la puerta de la habitación. 


Ésta se abrió de golpe, como si una fuerte ráfaga de viento se hubiera colado en casa. Al final del pasillo estaba su hermana. Se fue acercando poco a poco, despacio. Por primera vez, Derek se fijó en sus pies, pues su hermana no caminaba, sino que levitaba a apenas unos centímetros del suelo. A pesar de su lentitud, pronto estuvo en la habitación, y la puerta se cerró de golpe tras ella, indicando que ya no tenía escapatoria.


- Lily, arráncale el corazón. Haz que sufra.
- No, primero quiero jugar un rato con él.- dijo dirigiéndose a la mujer.- Y tú, -dijo mirándolo a los ojos- te dije que serías el próximo.


La cara de Lily se desfiguró por completo hasta que dejó de parecer la dulce niña que fue, para convertirse así en una terrible pesadilla. Sus ojos se tornaron blancos y acarició suavemente el brazo de su hermano hasta que todo su cuerpo se erizó. Entonces, cuando el miedo de Derek se volvió atroz, su boca formó una sonrisa sádica. El juego, no acababa más que empezar.

martes, 1 de mayo de 2012

#376

Hacía tan solo unas horas...


La vio sentada en el blanco porche de casa, como una sombra con una rubia melena rizada que acariciaba su blanca piel. Tenía una corona de flores alrededor de su pequeña cabecita. Era de esas niñas que siempre veías corriendo por los campos de flores, dando de comer a los patos del estanque, o acostada en la cama, tapada con su colcha a cuadros rosas y blancos, leyendo sus libros favoritos, esos con princesas y un final feliz. Pero ella ya no creía en esos cuentos, habían pasado a ser historias llenas de mentiras donde la felicidad acababa a medianoche. Todo había cambiado desde que murió. De fondo Derek podía escuchar a un violinista inexistente que tocando a son del atardecer.


- Está empezando a hacer un poco de frío, no deberías estar aquí sentada.- le saludó Derek mientras a Lily la recorría un escalofrío. Ella ni siquiera le respondió, siguió mirando al horizonte mientras se mecía en el banco colgante.
- Aún no es demasiado tarde, ¿lo sabes verdad? - dijo de repente.
- ¿Qué?
- Aunque hay cosas que están fuera de nuestro alcance, incluso para nosotros. Solo digo que no puedes pretender pasar desapercibido en la oscuridad cuando ésta se ilumina.
- Lily, yo...- pero ella ya se había levantado y se dirigía a la puerta que daba a la calle principal.
- La tormenta se acerca Derek, y trae rayos oscuros consigo.
- El cielo está despejado Lily.
- No me refiero a esa clase de tormentas...- susurró ella antes de desaparecer.


domingo, 29 de abril de 2012

#375

Derek se sentía seguro en su habitación. Acababa de pintar las paredes de blanco para que la oscuridad que sentía en su corazón no lo invadiera más todavía. Además, ya no salía de su habitación. Cada vez que abría, aunque fuera apenas unos centímetros, la puerta de su habitación, veía a Lily frente a él. Lo esperaba frente a su puerta, como si de un guardián se tratase. La veía allí, mirándolo fijamente a los ojos y eso siempre le provocaba un escalofrío.


El silencio solía reinar en su casa, pues sus padres habían desistido en que hablara con ellos. Aunque es cierto que muchas veces Derek gritaba, gritaba como nunca para desahogarse y quitar la opresión que sentía en el pecho desde lo de su hermana.


Mientras miraba a través de su ventana, veía como varios invitados se acercaban pasando entre los tulipanes de su madre. Pero, ¿qué eran aquellas cosas que se acercaban a su ventana?


Una especie de masas grisáceas, que atravesaban los objetos que se encontraban de por medio, si es que eso era posible. Derek observaba asustado mientras su corazón se aceleraba como nunca. Cada vez estaban más cerca. Se dio cuenta de que no eran masas grises, si no fantasmas. Una gran multitud de fantasmas que parecía venir a buscarlo. Había fantasmas de abuelos, de adolescentes con las muñecas llenas de cortes, mujeres llenas de moratones y también niñas como su hermana. Todos estaban allí, levantaron la vista hacia la segunda ventana empezando por la derecha, desde donde Derek les devolvía la mirada.


- Derek.- dijeron en coro.

viernes, 13 de abril de 2012

#372


Escuchar con esta canción de fondo click

Karina respiró profundamente y su pecho se llenó de angustia. Bajo sus pies la ciudad brillaba con más intensidad que nunca. Allí, en una de las azoteas más viejas de su ciudad, contemplaba las quebradizas ramas de los árboles desnudos a causa del frío invierno. 

El viento suspiraba levemente sus rizos dorados y el frío se posaba en sus brazos y se colaba a través de los dobles de su blanco camisón. Se descalzó y apartó sus zapatillas de casa a un lado. La luna estaba llena y la miraba desafiante, sugiriendo así su nimiedad. Apoyó un pie sobre el borde del abismo, y después hizo exactamente lo mismo con el otro. Lily había muerto por su culpa. Llevaba meses sin saber de Derek y esa tarde había aparecido sin más. Le había dicho que la quería y que mató a su hermana por celos. Sentía que su mejor amiga había muerto por su culpa, y eso era algo que jamás podría perdonarse a si misma.

La adrenalina se apoderó de sus venas cuando sus ojos se dieron cuenta de la altura en la que se encontraba. Su madre la mataría si supiera dónde estaba, pero le daba igual, quería morir, lo merecía. La bóveda celeste que creaban las luces de la ciudad resplandecía susurrando su nombre. Quería unirse a aquellas luces, unirse con Lily. Alzó los brazos a la noche. Volar, pensó. Tan sólo volar. Sus pies se movieron hasta el límite de aquella azotea y sintió el vacío al que pronto se sumiría.

- Karina, no lo hagas.- sonó la dulce voz de Lily.
- Tu hermano te mató por mi culpa. Lo que yo siento ahora es como cuando vas en un tren a trescientos por hora y tienes ganas de salir, de estar abajo aunque sea un minuto.
- A mi ya me echaron de ese tren.
- Te fuiste de este mundo por mi culpa Lily. No he podido volver a abrazarte, ni a hacerte cosquillas para ver como te reías... Para mi todo ha perdido su sentido. Y cuando eso sucede, tomas un montón de decisiones terribles con las que vas a tener que vivir largo tiempo, o incluso a veces, para siempre.
- Debes irte Karina, tú sigues en el tren. Márchate, debes irte, vete. Vete, vete, vete.
-No, no me iré sin ti.- dijo con los ojos llenos de lágrimas. 


Entonces, saltó. Cerró los ojos mientras la oscuridad se la tragaba.


Y al instante volvió a abrir los ojos y contempló la cegadora luz del sol. Volvía a estar en la gran azotea, nunca había saltado de verdad y Lily jamás había estado allí. 


miércoles, 11 de abril de 2012

#371

El sonido de los pájaros revoloteaba mi cabeza. El vaho que salía de mi boca ascendía levemente hacia las nubes. Me di cuenta de que no podía seguir escondiéndome, mis padres llevaban meses preguntándome por qué había dejado de salir con Karina. 


Dentro de mi corazón, un sentimiento me devoraba el pecho. Recordaba que había comenzado justo tres días antes de que Lily dejase de respirar. Era un sentimiento que empezó por las arterias y siguió extendiéndose a través de mi cuerpo hasta llegarme al alma. Era como cuando coges una gripe y ésta te oprime el pecho y te duele todo el cuerpo, exactamente igual, pero multiplicado por mil. 


Mis pies se acercaron en dirección a casa de Karina. Sin darme cuenta estaba en frente de su puerta color ocre, hecha de madera, con un pórtico oscuro y un timbre, con una melodía de lo más peculiar. Entonaba cuatro notas, y si era la primera vez que la escuchabas, te parecía inacabada. Estaba tan sumido en mis pensamientos que no me dí cuenta del crujir de la madera. La puerta se abrió de golpe. Y allí estaba Karina, parada justo frente a mí con cara de sorpresa. Tenía sus rizos rubios recogidos para atrás con una corona de flores. Vestía un vestido blanco de manga corta y unas bailarinas color rosa palo. A sus trece años era una hermosa niña.


- Derek... ¿q..qué haces aquí?- dijo saliendo al porche.
- Karina... yo... lo siento.- susurré. Ella no logró escuchar lo que dije. Cogí el aire y con valentía empecé a hablar. No sabía qué decir, pero no podía quedarme callado-. He estado evitando este momento durante mucho tiempo ¿sabes? Lo... lo que... pasó.
- Mataste a Lily, lo sé, me lo contó ella-. dijo ella con los ojos bañados en lágrimas. Nunca la había visto tan destrozada.- No se lo diré a nadie Derek, pero ahora vete, no quiero verte.
- Yo... yo ya no soy lo que era desde que ella se fue... No debí haberlo hecho, pero le tenía envidia. Tenía envidia del tiempo que pasaba contigo. Ayer salí a pasear con mis padres y pasamos junto al palacio de cristal. No pude evitar acordarme de ti, de lo mucho que te gusta. Me gustaría poder volver a ser amigos, te quiero y nunca dejaré de hacerlo Karina, pero al menos deseo tu amistad.
- Derek, mataste a Lily, no puedo ser amiga tuya. No debiste matarla y me da igual tu estúpida envidia. Vete.- lloraba mientras lo decía, era tan doloroso verla de esa manera...


Levanté la mano derecha, temblorosa, y abrí la palma de mi mano esperando que ella la cogiese; en cambio, la miró con desprecio. Pasaron algunos instantes, que a mi me parecieron un mundo. Decepcionado, triste y con los ojos llenos de lágrimas retiré la mano. Me giré para irme. Lo que decía la gente era verdad, si dejabas un sueño escapar, éste no volvía.

sábado, 7 de abril de 2012

#369

Sí, es Karina. Esa niña rubita, la única que aún habla con ella. La única capaz de sobrevivir a sus encuentros. Ella y Lily son grandes amigas. Una es capaz de volar y desaparecer cuando le plazca; la otra recoge rayos de sol por las dos y las almacena en su piel dorada y en su corazón. 


Cuando están juntas Lily es capaz de sonreír. Es como si Karina la llenase de luz y se convirtiese en un sol en medio de tanta oscuridad que la rodea. A veces sólo se miran. Otras, se saludan como si nada hubiera sucedido, como si Lily siguiera entre los vivos y se cuentan la una a la otra qué han hecho durante el día. Una le cuenta que se ha comido el primer helado del año, pues el calor comienza ya, otra le cuenta que ha visto nuevas estrellas en el cielo.


Compartían un secreto. Nadie lo sabía, nadie, excepto yo. Ese secreto las unía, las mantenía en contacto y yo ya había hecho demasiado daño, no podía quitarles también su amistad. Algún día se sabrá ese secreto y a todo aquel que lo sepa, se le iluminará la cara. Tocarán el cielo y saludarán a los ángeles que viven entre las nubes, y quizás, sólo quizás, podrán jugar con ellos.


Pero hasta entonces, ¿qué tal si me escondo de mi atroz destino?

jueves, 5 de abril de 2012

#368

Cuentan por ahí que los fantasmas viven en los cementerios con los pocos visitantes que van como única compañía . Cuentan que cuando vas a visitar a un ser querido ¡cuidado con mostrar miedo! Podrías encontrarte con un alma flotante demasiado cerca de ti, o aún peor, podrías acabar vecina de quien fuiste a visitar. Los fantasmas pueden ser muy juguetones, pero has de salir corriendo en cuanto creas que uno te acecha. Ella prefiere el silencio total y no dudará en matarte si te acercas demasiado.


Cuentan que los viernes por la noche son sus preferidos para llevarte consigo. Su territorio es sagrado, y más te vale estar en casa aburrido con una taza de chocolate caliente a salir y caer en sus dulces ojos y su voz de niña con un "¿Qué tal? ¿Juegas un rato conmigo? No tengas miedo, morirás sin dolor al terminar la noche."


Cuentan que la oscuridad es solo un camuflaje para el miedo. Son simples rumores, pero una amiga, que en paz descanse, me llamó para decirme que la tenía enfrente. Que la había mirado a los ojos y que sintió lástima por ella, acto seguido sólo escuché:


- Espero que el próximo seas tú.

martes, 3 de abril de 2012

#367

Ha vuelto. Es capaz de acariciarte con sus dedos y hacerte trizas con sus huesos. Puede hacer cosas inimaginables consigo misma. Vive de sus propias destrucciones y su falta de sentido común. ¿Quieres romperte alguna parte del cuerpo? ¿Quieres morir sin sentirlo siquiera? Búscala. No vive en un sitio concreto, aunque muchos dicen haberla encontrado en los brazos de aquel acantilado. Ella te ayudará a dejar este mundo si de verdad es lo que quieres. Bueno, y aunque no lo quieras.


Su vestido de gasa blanca sigue impecable, ocultando así su inexistente corazón. Aquel corazón que una vez fue destrozado, mutilado. No era un corazón con el que uno pudiera jugar, ya no más. No podías tenerlo entre tus manos, pues la sangre que manaba de él lo hacía resbaladizo, haciendo que cayese al suelo sin apenas rebotar. Su cabeza seguía igual, pero su cerebro había dejado de funcionar. Se movía por impulsos. Sus sentimientos estaban en off.


Había que tener cuidado si no querías acabar viviendo junto a ella. Cuenta la historia que sus ojos son del color  de la luna. Se dice que no se trata más que de una niña asustada. Se dice que se alimenta de tu propia vida.


¿Y quién soy yo? Solo soy la sombra que logró que cerrara los ojos y no los volviera a abrir. O al menos, eso creía yo.