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jueves, 11 de agosto de 2011

#259


Brandon abrió  los ojos y se quedó un rato mirando al techo. Eran las 4 de la mañana y la luna brillaba en todo su esplendor. Se frotó sus grandes ojos azules y bostezó. Se giró muy despacio intentando no crear ninguna otra sombra, pero no dio resultado.

Corrió por el pasillo, casi eterno y se paró frente a una puerta blanca, a la izquierda, al final del pasillo. Durante su carrera le pareció que las pareces de estrechaban, intentando atraparlo. Pero no era más que su imaginación.

Se paró frente a la puerta y llamó suavemente. No esperaba respuesta pues su hermana mayor nunca le dejaba entrar en su habitación. Lizz tenía 15 años, era diferente a toda la familia, ella dormía de día y disfrutaba de la noche, por lo que sabía que estaría despierta. De repente la puerta se abrió.

- ¿Que quieres enano? - dijo Lizz. Tenía su larga melena rubia recogida en una coleta y su rostro estaba pálido. 

Brandon la miró con ojos suplicantes.

- Tengo miedo.- Lizz suspiró.
- Entra anda.- dijo mientras lo empujaba ligeramente hacia dentro y cerraba otra vez la puerta.

Aunque su madre pensaba que Lizz era rara, gótica o algo por el estilo, Lizz era una chica normal. Le gustaba salir con sus amigos, comer helado y vestir bien. Lo que más le gustaba era coleccionar fragancias, por eso su habitación olía siempre tan bien. Era una mezcla, en opinión de Brandon, de perfume, flores y estrellas. Se tumbó en la cama y su hermana se sentó en la silla del escritorio y siguió tecleando cosas en el ordenador. Tardó apenas 1 minuto en girarse y sonreír porque Brandon seguía con la mirada fija en ella.

- Cuando yo era pequeña también solía pasar miedo por las noches.- dijo mientras se tumbaba junto a su hermano.- Incluso ahora a veces lo tengo.
- ¿Y que hacías cuando tenías miedo? Tu no tenías una hermana mayor que te protegiera.

Lizz sonrió. Era verdad, por aquel entonces ella estaba sola y su madre le tenía prohibido ir a su habitación, pues decía que era una niña grande. Ahora ella tenía 15 y su hermano tenía 6, pero aún no sabía cómo huir del miedo. 

- Me solía tapar con la manta y abrazaba muy fuerte a mi peluche. Intentaba pensar en cosas bonitas, inventarme cuentos de princesas.

Brandon se acurrucó a su lado y la abrazó.

- Eh, no te pases.- dijo Lizz con sonrisa pícara.- Y ahora duérmete.

Brandon asintió y se dio la vuelta. Su madre podía pensar que Lizz era rara, pero en realidad, su hermana era genial.

1 comentario:

  1. Que linda historia de hermanos (:
    Me ha conmovido...

    Saludos!

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¡Hola! Acabas de decidir garabatear algo para mi, espero de todo corazón que te haya gustado mi blog.
¡Un besito! ¡Y gracias por pasar!
(¡Ah! Y no olvides que puedes quedarte en el desván ^.^ )