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miércoles, 19 de octubre de 2011

#316

Cuando volvieron a casa de George, Holly estaba sorprendida, habían pasado al menos dos horas paseando, pero el tiempo había pasado volando. Por primera vez George la hizo pasar a su habitación. Era una habitación grande, de unos cincuenta metros cuadrados. Una habitación de color blanco, decorado con muebles de otra época, muebles vintage como se dice ahora. George tenía un increíble buen gusto para decorar, de eso no cabía duda. Pero a pesar de ser un sitio tan grande, lo sentías pequeño, como un refugio en la copa de un árbol. Un lugar donde todo puede pasar.

Se desvistieron y se metieron en la cama, estuvieron un rato viendo la televisión e incluso hicieron una guerra de almohadas y hacia las cuatro de la madrugada Holly estaba dormida. Al principio George pensó en despertarla y llevarla a su casa, pero entonces se dio cuenta de dos cosas, una que no quería y dos, que aunque lo hubiera querido no habría podido, pues Holly agarraba la almohada cosida al cabecero de la cama con tanta fuerza que ya nada podría separarle de ella. Estaba tumbada en diagonal, ocupando prácticamente toda la cama. George se levantó de su esquinita de la cama para acomodarse en el butacón que había enfrente de la chimenea. Pero antes de hacerlo, le dio la vuelta y lo puso mirando a la cama. Y así pasó la noche, mirando a Holly mientras dormía.




¬¿Lo queréis leer en inglés? Ahora podéis sin tener que estar adivinando lo que el traductor google ha traducido mal. Mimi´s attic

viernes, 7 de octubre de 2011

#306

Era muy tarde y no podía volver a casa sola. Era un lugar que ella desconocía por completo y sabía que era un barrio peligroso, pero tenía que ir, no podía dejarlo pasar.


Subió las escaleras de aquel edificio rojo adoquinado que tan bien recordaba. Era la segunda vez que pisaba aquel edificio, y la verdad es que su última visita no fue precisamente placentera.


Era muy tarde así que decidió golpear suavemente la puerta en vez de llamar al timbre. La puerta se abrió, detrás se asomaba George, en pijama y zapatillas de casa. Llevaban 4 años sin verse el uno al otro, por lo cual George puso cara de sorpresa al ver a Holly en su descansillo.


- Esta vez me he pasado. No debería haber desaparecido así. Pero después de lo que ocurrió necesitaba huir...- dijo ella bajando la mirada. 
- No puedes decir que no te lo avisé.- le dijo mientras se apartaba a un lado de la puerta invitándola a entrar.


Ella entró y dejó su bolso encima de la mesita de la entrada.


- Lo siento, de verdad. - George sonrió. Era la primera vez que se disculpaba por algo en todos los años que la conocía. Era la primera vez que se dejaba ver sin maquillar y le miraba directamente a los ojos.
- Iba a pedir comida china, ¿te apetece?.- Holly asintió.
- ¿Estabas viendo Desayuno con diamantes? Es mi película favorita.
- Lo sé. Cuando sentía morriña de ti siempre la ponía, y hoy me has pillado en uno de esos días en los que te echaba de menos.