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sábado, 11 de junio de 2011

#223

-Lo sé, nada de esto tiene sentido...-Diego levantó las manos y las posó en las mejillas de Sofía y poco a poco se acercó a ella, hasta que sus labios se unieron en un tierno beso.- Creo que así tiene más sentido- dijo al separarse.

Él sonreía con esa magnífica sonrisa que tenía mientras que ella se había quedado en blanco. No sabía que decir, ni que hacer. La mente de Sofía había estado hasta el momento ocupada en imaginar ese momento, y cuando por fin había llegado, se bloqueó. El corazón de Sofía bombeaba la sangre alborotadamente y tenía un pequeño temblor por todo el cuerpo. Poco a poco Sofía fue recobrando e sentido y lo único que se le ocurrió decir fue:

-¿Podrías hacerlo otra vez?
-¿El qué?- dijo Diego mientras volvía a unir sus labios con los de Sofía. Esta vez el beso fue más largo, dándoles a ambas bocas más tiempo a conocerse.-¿Esto?- le susurró al oído.

Esta vez Sofía temblaba de pies a cabeza. 

-¿Qué pasa?-dijo Diego mientras la agarraba de la cintura atraiéndola hacia él. 

Sofía levantó una mano y la posó suavemente en la mejilla de Diego.

-Es que cuando me besas, siento que el mundo se detiene.

Diego rió.

-No pareces de esas románticas- dijo mientras Sofía apoyaba la cabeza en su hombro.
-¡Oh vamos! ¡Lo digo en serio!
-¿De verdad?
-De verdad de la buena.

Era tarde y la pastelería iba a cerrar, pero ellos seguían en la mesita de la esquina, la que daba al patio interior, sí, aquel tan bonito lleno de flores, mientras que sus cafés olvidados se enfriaban sobre la mesa.

jueves, 2 de junio de 2011

#216

La biblioteca solía estar llena en aquella época. Junio estaba a la vuelta de la esquina y la gente tenía que estudiar. Sofía abrió la puerta y miró de un lado a otro, buscando un sitio libre donde leer tranquila. A pesar de recorrer cada esquina, no encontró ni un solo hueco. Así que cogió un libro y salió a las escaleras a leer bajo el sol. Escogió un árbol del parque contiguo a la biblioteca y se sentó bajo su tenue sombra. 

Se pasó una mano por sus rizos y se acomodó el flequillo detrás de la oreja, después comenzó con su lectura.  De repente, le llegó el olor de regalices y caramelos de frambuesa de la tienda de golosinas que había a escasos metros de donde estaba sentada. Cerró los ojos mientras aspiraba el olor y entonces ¡pum!, sonó un estrepitoso ruido. Cuando  abrió los ojos lo vió, era el chico del día anterior, Diego, que se le habían caído los libros. Se levantó para ayudarlo a recogerlos.
-Gracias- dijo Diego mientras terminaba de apilar sus libros.- ¡Anda! Si eres la chica del otro día, Sofía ¿verdad? 
-Sí- dijo ella mientras sonreía.
-Parece que hoy el despistado soy yo. 
-Sí, eso parece. 
-Bueno, ¿qué haces por aquí? ¿estudiando?
-No, leyendo a Marc Levy.
-Escribe muy bien. Oye, ¿te parece bien si te invito a un café para agradecerte tu ayuda?
-¿Qué? ¿A mí? Eh... bueno, está bien- dentro de la cabeza de Sofía sonaba un coro de ángeles. Diego le había invitado a tomar un café, sin duda este era un día de suerte. 

miércoles, 25 de mayo de 2011

#208

Sofía es una chica como otra cualquiera, al menos desde su punto de vista, aunque cualquier otra persona te diría que es única. Sofía es una chica de esas con cara angelical y unas pestañas de infarto. Tiene unos ojos azules de color intenso y un larga melena rubia con unas ondas que siempre están perfectas. Tiene la piel morena y unas curvas que quitan el hipo. Es alocada y le gusta hacerse la dura, aunque en el fondo es una romántica. El único problema que tiene Sofía es que está enamorada y su príncipe azul no se da cuenta. 

Su gran amor se llama Diego, éste es un chico británico con el típico look inglés. Pelo engominado, ojos grisaceos, piel blanca... Es como la reencarnación de un dios griego. Es una persona tranquila a la que le encanta dar paseos por la playa y leer libros mientras contempla una puesta de sol. 

Sofía y Diego sólo se conocen de haberse chocado un domingo por la mañana. Sofía iba tarde a la cafetería donde había quedado con sus amigas y de repente se chocó contra Diego. Ese momento fue histórico para ella. Sofía se había enamorado al instante de esa sonrisa perfecta y esos grandes ojos.

-Perdona, no era mi intención chocar contra ti.
-Tranquila, no pasa nada, estabas despistada, irías pensando en tu novio.
-¿Qué? No, no. No tengo novio. Me llamo Sofía.
-Diego, encantado.
-Pues... Siento haberme chocado contra ti Diego.

Diego sonrió.

-Me quedaría a hablar contigo Sofía, pero tengo prisa. Adiós. ¡Ah! ¡Y la próxima  vez no seas tan despistada!

Sofía se quedó inmóvil, en su cabeza solo había un pensamiento: Diego, Diego, Diego....