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lunes, 5 de septiembre de 2011

#279

Llevaba un par de horas en la cafetería de al lado de su casa. La madre de Alberto la convenció para que descansara un poco y de camino a casa paró allí a tomar un té. Era la cafetería donde solían estar siempre. Pagó y se fue a casa. Nada más entrar fue derecha a la habitación y allí , encima de la cama, encontró un sobre con su nombre. Lo abrió, era una carta.


"Pequeña:


Si estás leyendo esto es que me he ido. Perdón por irme sin despedir, sin decirte nada, pero odio las despedidas, son tan dolorosas... Sé que tal vez nunca me perdones por esta repentina huida, pero tengo algo que decirte. Tú has sido mi ángel guardián, mi luz y mi salvación cuando mi mundo no hacía más que resquebrajarse por momentos. Antes de que llegaras a mi vida la cosa ya iba mal y ya tenía ganas de huir, sé que suena cobarde, pero es la verdad. Huyo, huyo de todo a mi alrededor, de las miradas acusantes de mi familia y también de mi mismo. No pretendo que me perdones, pero si al menos que me entiendas. Tu has sido la mejor cosa que me ha pasado en la vida y eso no lo olvides jamás. Te he querido desde el primer momento. Hemos pasado un millón de cosas juntos, no todas buenas (como aquel día en que casi te mato), pero todas perdurarán en mi corazón. Joder, me siento tan estúpido escribiéndote esto, preferiría habértelo dicho a la cara. Tengo tanto que decirte, tanto que quererte... Hay tantas cosas que me hubiera gustado vivir junto a ti... Me hubiera encantado casarme contigo, estarías preciosa con un vestido blanco. Tener un hijo que correteara por nuestra casa... Una miniatura de ti, sólo de pensarlo me hace sonreír. Pero soy cobarde, no quiero causarte más daños y por eso me voy. Me voy para no volver. Jamás olvides que te quiero y que siempre te querré, esté donde esté, haya la distancia que haya entre nosotros. Yo te quiero a ti y no soy capaz de querer a otra persona. Recuerda que aún puedes buscarme en tus ojos y que mirando al cielo siempre tendrás una pequeña parte de mi sobre ti. Mereces ser feliz y mereces a alguien que pueda abrazarte y besarte sin que temáis por las consecuencias. Sé feliz por favor, por mi. Te amo.


Alberto"




Entonces lo comprendió todo. Comenzó a correr calle abajo hasta llegar al hospital. Tenía que ver si seguía allí, pero no estaba. Las enfermeras le dijeron que había escapado y que la policía estaba de camino. Echó a correr otra vez de camino a la calle. Necesitaba encontrarlo y decirle que no quería que se fuera, que le quería, que los días que había pasado junto a él habían sido los mejores. Que su sonrisa era lo único que la mantenía feliz, que no soportaría volver a estar sin él, que le debía demasiadas cosas. Que nadie cuidaría de ella como él lo había hecho. Tenía tantas cosas que decirle... Corrió a través de toda la ciudad y de repente una voz la hizo parar en seco. Era él, estaba segura. No fue capaz de darse la vuelta mientras él le susurraba que dejara de correr, que siguiera con su vida, que fuera feliz. Una lágrima resbaló por su mejilla, sólo entonces se dio la vuelta, pero él ya no estaba. Se había ido otra vez.  

3 comentarios:

  1. Ey, no vale hacer llorar...
    Gracias por tu comentario, un abrazo muy grande, y que la felicidad nos alcance a todos

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¡Hola! Acabas de decidir garabatear algo para mi, espero de todo corazón que te haya gustado mi blog.
¡Un besito! ¡Y gracias por pasar!
(¡Ah! Y no olvides que puedes quedarte en el desván ^.^ )